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flecha  LA ANIMACIÓN, EL NUEVO GIGANTE DE LA INDUSTRIA DEL CINE 28-03-2016

Damián Perea Lezcano
Director y productor de Cine y Publicidad.
Director y productor del XI Festival Internacional de cine de animación, efectos especiales y
videojuegos ANIMAYO


LA ANIMACIÓN, EL NUEVO GIGANTE DE LA INDUSTRIA DEL CINE

La animación, “la pequeña de la clase” ya ha dado el estirón. Hace ya muchos años que se dejó de ver al cine de animación como cine hecho para niños y la tendencia en los últimos años son los proyectos de películas de animación para adultos. Estamos asistiendo a un auténtico cambio de público y de generación que está ocurriendo a la vez en todo el mundo, con una generación adulta que ha crecido entre videojuegos y cómics, y por ello atraídos por la animación.

En los grandes estudios de animación de la actualidad: Warner, Pixar, Disney, Madhouse, DreamWorks, Sony Pictures o Studio Ghibli, hay una producción significativa de cine de animación para toda la familia, y aunque ahora “esté de moda”, ha sido una auténtica carrera de fondo hasta demoler el estereotipo de la infantilidad a la hora de hablar de cine de animación, una secuela que nos dejó Disney con grandes clásicos como Blancanieves, Cenicienta, 101 Dálmatas, o clásicos “más modernos” Aladdín o el Rey León, entre otros.

La brecha de madurez del cine de animación fue abierta en los años 70 por las series de televisión de MTV y otras cadenas de televisión como la Fox, entre las que se encontraban Los Simpsons, South Park o Padre de familia, que a día de continúan caracterizadas por el humor del absurdo y la parodia a las masas. Seguidamente Pixar, logró una fórmula comercial capaz de entretener a hijos y padres por la audacia de sus argumentos con obras maestras como Monster, Ratatouille, Wall-e o Up. Pero hay grandes títulos en la historia del cine a nivel mundial con temáticas profundas, no apta para niños, que llevan a una reflexión que no se creía surgir de este tipo de cine.

Desde La Tumba de las Luciérnagas, de Isao Takahata (1988) o When the Wind Blows, Jimmy Murakami (1986), tal vez sea Akira, de Katsuhiro Otomo (1988), con escenarios apocalípticos ambientados en el Neo Tokio de 2019, la que se convirtió en fenómeno de culto para abrir al planeta al “anime japonés” lejos de series infantiles como Comando G. Fue gracias a este fenómeno japonés que descubrimos otros grandes títulos como Ghost in the Shell de Mamoru Oshii (1995), que es en mi opinión, junto con Blade Runner, uno de los máximos exponentes cinematográficos del cyberpunk, subgénero de la ciencia ficción que trata sobre futuros en los que la tecnología es la protagonista.

Ejemplos más cercanos de nuestro cine español son Chico & Rita, de Toño Errando, Javier Mariscal y Fernando Trueba (2010) -un homenaje nostálgico a la colorida vida bohemia de los años cincuenta, que fue candidata española al Oscar a mejor largometraje de animación. O el film Arrugas de Ignacio Ferreras, (2011), una obra de arte que surge de la adaptación cinematográfica del cómic de Paco Roca, que a la hora de contar una historia dramática, no desaprovecha las muchas posibilidades que tiene para hacer reír al espectador adulto, y es esto lo que atrapa.

Y si hablamos de grandes obras maestras de la denuncia social del cine de animación no podemos dejar atrás Persépolis de Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi (2007), adaptada de la novela gráfica de Marjane Sátrapa que cuenta la historia una niña iraní precoz e inteligente durante la Revolución Islámica de 1979; y Waltz with Bashir de Ari Folman (2008), que cuenta las historias que vivió Ari Folman, director de la película, durante la guerra de Líbano en 1982. El protagonista es un director israelí que entrevista a veteranos de la guerra para reconstruir sus memorias.

Si algo está claro es que la animación es un género maravilloso, lleno de posibilidades, que levita en un mundo sin límites históricamente propulsado por un torrente de ideas y de creatividad, que hace que sea posible contar muchas más historias de maneras diferentes. Y esta es tal vez la mayor diferencia del cine con actores reales. Otros títulos que aconsejo porque nos trasladan a esos mundos son: Waking Life, de Richard Linklater (2001), Las Trillizas de Belleville de Sylvain Chomet (2003) o Fantastic Mr. Fox de Wes Anderson (2009). 

De los grandes estudios de animación surgen también guiones realmente conmovedores y originales, como es el caso de Inside Out, de Pixar, película dirigida por Pete Docter (ganador del Oscar por Up y nominado por su contribución en cintas como Toy Story o Monstruos S.A.) que marca un antes y un después en la historia del cine. Es una película que lo tiene prácticamente todo, con el mundo de las emociones como protagonistas de la película, lo que comienza como una comedia simpática con un universo muy bien definido y con personajes a los que se les coge cariño, se convierte en una aventura repleta de situaciones que te llegan al corazón y una espléndida banda sonora que nos traslada a los cinco estados emocionales utilizados en la película: Alegría, Tristeza, Miedo, Ira y Asco. Con películas como Inside Out, se marca una de las realidades del cine de animación, porque con ellas vemos el poder que tiene el mundo del cine en el desarrollo y educación de nuestra sociedad, y en este caso haciendo protagonistas en la gran pantalla y de forma divertida a esas emociones que nunca vemos, pero con las que lidiamos en el día a día.

El cine de animación para adultos, ha llegado a especializarse tanto, que ha hecho necesaria la aparición de festivales internacionales como el Festival Animayo, que se celebrará en Gran Canaria del 3 al 7 de mayo, y en los que se proyectan películas de animación que son auténticas obras de arte de todas las técnicas, y que sólo pueden verse en festivales y rara vez por internet. Es en este tipo de festivales como Animayo, donde cada vez tienen más visibilidad los grandes estudios de animación pero sirve también para engrasar las relaciones productores, directores, animadores, distribuidores, exhibidores, críticos y público en general (más info: www.animayo.com)

Los festivales de animación hacen posible puntos de encuentro y plataformas para los amantes de este tipo de cine, donde no faltan estudiantes, escuelas y universidades, pues los estudios gigantes se nutren de talento nacido en cualquier rincón del planeta.

Muy pocos son los que llegan, pero nadie nos impide soñar con llegar a ser como Peter Lord (Wallace & Gromit), Pete Docter (“UP”), Mark Osborne (“Kung Fu Panda”) o Chris Wedge (“Ice Age”), que se han ganado un nombre propio como cineastas, no solo como animadores… y en esto consiste la magia… porque soñar, al igual que la animación, no tiene límites.


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